13 de mayo de 2017

Críticas Aleatorias 4 - Neon Genesis Evangelion

Posado robado natural de mi copia de la serie.
CRÍTICA 4 – NEON GENESIS EVANGELION

¡Ah, el anime, ese extraño mundo! Donde uno puede encontrar de todo, desde clichés explotados hasta la saciedad, argumentos tan absurdos que resultan increíbles, personajes con ojos del tamaño de una antena de televisión, y hasta una comunidad de fans tan leal como fraticida. Probablemente todos los de nuestra generación hayamos visto al menos uno en nuestras vidas, aunque no lo hubiéramos identificado como tal en el momento. Dragon Ball, Pokémon, Digimon, Sailor Moon, Yu-Gi-Oh, Detective Conan... La lista es interminable. Yo mismo he visto una cantidad nada despreciable de ellos, desde los más mainstreams hasta alguno ridículamente específico. Y sí, te estoy mirando a ti, Bobobo. Que por cierto, sigue siendo el anime con el mejor doblaje que he visto en mi puñetera vida. ¡Por el poder del cabello nasal!.

Pero me voy por las ramas.

Hoy voy a hablaros del que para mí es la cima del anime. Y que me perdonen Miyazaki, Kon, Takahata y Shinkai. Hoy toca hablar de la joya de la corona. Hoy toca hablar de Neon Genesis Evangelion, y, citando a un amigo mío versado en las artes frikis, en este mundo hay dos tipos de personas en cuanto al anime, los depres de NGE y los fuckers de Tengen Toppa Gurren Lagann. Así que imaginaos lo que os espera.

Ojo. Spoilers, launch!.

Creada por Su Majestad, Príncipe de los imitadores cutres de Ultramán, Hideaki Anno, en el 94/95, es una serie que inicialmente aparece como una simple reedición del género mecha que todos conocemos. Vamos, Mazinger Z y tal. Pero con unas cuantas diferencias que se harán patentes a lo largo de sus 26 capítulos. Y dos películas. Y luego otras tres. Y falta una cuarta. Pero hoy toca solo la serie.

Protagonizada por Shinji Ikari, un chaval de catorce años, que vive con su tutor en un área apartada en el Japón rural, súbitamente llamado a filas por el padre que lo abandonó cuando era un niño pequeño, para montarse en un robot gigante y defender la tierra de la invasión de fuerzas alienígenas, conocidas como Ángeles (que por cierto, roban totalmente el show cada vez que aparecen. Duran poco en pantalla, pero sus diseños son buenos, los combates son ágiles y entretenidos, y los ridículos grititos que sueltan son maravillosamente cómicos. Y luego está Leliel, claro). O Apóstoles, en el original. La traducción clásica de la serie no es muy buena, cambiando términos de manera aleatoria. En fin. Visto así, no parece una serie muy original ni muy interesante, ¿no?. Error.

El primer tastarrazo en la cabeza te lo da el propio protagonista. Shinji Ikari. Odiado y amado a partes iguales. Acusado de emo, cobardica, incompetente, fucked up (vale, con esta sí estoy de acuerdo, por un momento gratuíto y desagradable, muy desagradable en The End of Evangelion. Really, Hideaki?) y mil calificativos más.

Tonterías.

Shinji Ikari es un personaje cojonudo. Es uno de los primeros protagonistas de shonen (aunque no sé si se podría calificar NGE como tal, pero vamos a tirar con ello) que resulta realista. No es un crío aventurero, dispuesto a luchar hasta el fin del mundo por lealtad a sus amigos, por el afán de ganar y de hacerse más poderoso, por ser un héroe. Nada más lejos de la realidad. Es un chico frágil, con una vida dura, profundos problemas emocionales por la muerte de su madre y el abandono de su padre cuando era un niño pequeño, que es arrojado a una guerra cruel, obligado a pilotar un robot, un cyborg más bien, que le produce inmenso dolor cuando debe montar en él, ser utilizado como un peón más por su propio padre, manipulándole a través de su necesidad de cariño y aprobación, en un largo conflicto contra los auténticos poderes, y que sin embargo, lucha. De forma problemática, queriendo rendirse a cada paso, muerto de miedo, queriendo huir. Pero se queda. Lucha. Sabe que en el fondo, es lo que debe hacer, aunque se esconda en otras razones. "Tengo que hacerlo. No puedo huir. ¡No puedo huir!". A trompicones, comenzará a crecer mientras pasan los capítulos, y nosotros con él.

Pero no está solo él. Los protagonistas de NGE son los verdaderos reyes de la fiesta, la historia y el escenario una mera excusa (bastante elaborada, eso sí. Aunque me apena que se aproveche poco Tokyo-3 como escenario. Como urbe distópica à la Blade Runner no estaba nada mal, como se pudo ver en alguno de los capítulos iniciales) para que estos se desarrollen. Cada uno de ellos marcado por un conflicto, por un problema emocional. Esta era la intención inicial de Anno, que cada uno de ellos representara una enfermedad. Y vaya si lo consigue. Misato Katsuragi, entre el deber y el complejo de Electra, Asuka Langley Sohryu y un problema de ego brutal como método de afrontar su tragedia personal, Ritsuko Akagi y su incapacidad para aceptar la soledad y los celos, Rei Ayanami y su aislamiento del mundo que la rodea... Aquí hay de todo. Y todo, al menos a mi gusto, excelentemente construido. Sobre todo Gendo Ikari, el Comandante Ikari. Ay Gendo. Nunca volverá a haber un ¿villano? Como tú. Con tu flow. Tus gafas de sol naranjas. Tu voz profunda y rasgada. Es el James Bond de los villanos de anime. Ahora en serio. Para mí, uno de los personajes más logrados ya no solo de la serie, sino que, junto con el propio Shinji y la relación que tienen, de toda la ficción que he visto, da igual el formato. Merece la pena ver la serie solo por ver a esos dos. En fin.

A lo largo de las serie, veremos como los tres pilotos protagonistas, Shinji, Rei y Asuka, se enfrentarán a diecisiete ángeles, cada uno más difícil que el anterior, mientras intentan sobrellevar como pueden sus vidas y sus problemas. Así a lo largo de 24 capítulos. "¡Melón, faltan dos! ¿No dijiste que eran 26?" me diréis. Sí. Faltan dos. Los capítulos 25: Un mundo que se acaba/Do you love me? y 26: El monstruo que pedía amor a gritos en el centro del mundo/Take care of yourself. Y los responsables de gran parte del odio que recibe la serie entre aquellos que la ven como ridícula, pretenciosa, excesiva, deprimente y arrogante. Y, por supuesto, responsable del tropo conocido como Gainax Ending.

Mi copia de EoE. En cuanto al subtítulo...
JA.
¡Ojocuidao! Para leer lo siguiente, es mejor haber visto el final, dado que voy a soltar una peroratilla pedante sobre el mismo, pero sin molestarme en explicarlo argumentalmente en profundidad, empleando elementos de toda la serie. Es mejor verlo uno mismo, virgen total. Así que... Fly me to the plot, and let me play among the spoilers...

Puede que su final sea confuso, excesivamente experimental y que no encaje con el espíritu inicial de la serie y con el rumbo que la franquicia ha ido tomando desde el 97, con la salida de The End of Evangelion. Pero todo eso no importa.

Es un final bello. Es un final que tiene sentido con la evolución de la propia serie. Hay gente que lo interpreta como el triunfo de SEELE, del Proyecto de Complementación Humana, un apocalipsis hijo de la soledad y el terror que aferran el alma de Gendo Ikari. Hay indicios incluso en esos dos últimos capítulos que apoyan esta teoría, como los cadáveres de Misato (algo ilógico teniendo en cuenta lo visto en EoE, me gustaría señalar) y de Ritsuko (este sí que es totalmente canon), o Shinji protegiéndose de la luz del rifle de asalto de un soldado de las JSSDF durante el asalto final a los cuarteles de NERV. Yo no lo interpreto así.

Interpreto que sí, es parte de la Complementación, pero que el plan de SEELE fracasa, que en realidad el plan de Ikari, de ambos Ikaris y del subcomandante Fuyutsuki, es el de salvar a la humanidad. Creo en la redención. Y, a diferencia de lo que se ve en las películas Rebuild y en Death (true)^2 y EoE, se dejan caer pequeñas pistas de que los comandantes de NERV, inspirados por el sacrificio de Yui Ikari, aún son humanos. Esto no resulta sorprendente en el caso de Fuyutsuki, a quien siempre se ha interpretado como un moralista que ha acabado ensuciándose las manos, pero manteniendo un mínimo de decencia y de humanidad. Pero el Gendo Ikari de la serie (como ya he dicho, uno de los personajes más fascinantes que he visto en cualquier obra de ficción, junto al propio Shinji) es diferente al posterior, más bien retratado como un villano silencioso y terrible. Sigue siendo un manipulador, alguien dispuesto a sacrificarlo todo por sus objetivos, sigue siendo un hombre roto por la pérdida de la única persona que lo entendió y llegó a amar, pero a través de pequeños gestos, se muestra al auténtico Ikari, al hombre que era antes de la tragedia del primer Experimento de Contacto, se ofrecen pequeñas piezas de su historia, de su vida con Yui, de su amistad con Fuyutsuki. Incluso su relación con Shinji es diferente. Y, aún a riesgo de contradecirme a mí mismo, creo que al propio Anno le costó abandonar esa concepción, pues aún llega a mostrarse su arrepentimiento ya no solo en el final original, sino en el propio EoE. Pero, realmente, no creo que lo que yo diga aquí pueda hacerle justicia. Ved la serie. Merece la pena. En fin.

Como iba diciendo.

Es un final optimista, a pesar de lo que todo el mundo pudiera pensar. Shinji aprende a apreciarse a sí mismo, acepta que el mundo es difícil, injusto, pero en él hay cosas que merecen la pena. Hay una verdadera evolución del personaje, una evolución que uno disfruta, implicándose con la historia del pobre chaval, deseando que finalmente le vayan las cosas bien. We're rootin' for ya, kid. Keep goin'.

Y en estos tiempos en que los finales tristes, trágicos, parece que gobiernan la ficción, me parece un hecho bastante apreciable. A mí me gusta que las historias acaben bien. A ser posible.

Y poco más puede decirse de la serie, sin entrar ya en ámbitos objetivos como la calidad visual, estilo de animación y demás ralea. Que, como quien haya leído alguna de mis críticas anteriores ya sabrá, a mí no me importa mucho. Esto es una mera opinión. Y ya.

Como mucho, una anécdota personal.

Vi por primera vez esta serie de zagalín, con igual doce o trece años. La ponían por las mañanas los fines de semana, en el Xabarín Club, en la TVG. A las 8. Y sí, me levantaba a verla siempre. Esta serie me marcó. Desde entonces, y desde que, gracias a la bondad maravillosa de cierta personita, me fuera regalada la serie en DVD y pudiera volver a verla y maravillarme al descubrir de nuevo algo que me apasionaba, he buscado incesantemente algo que pueda llegar a compararse con ella. Algo que pueda llenar el vacío que dejó el saber que muy posiblemente nunca encuentre algo igual. Algo que me ha marcado ya no solo en cuanto a gustos, sino en mi manera de escribir, de crear historias y personajes, junto a mis amados Tolkien, Murakami y Mishima.

En fin. Lo bonito es seguir buscando.

Creo que esta crítica se me ha ido de las manos.

-¡Corten! Toma buena. Pero quiero más dramatismo. ¡Más trauma!

-Sí, señor Anno.



Por Jorge Núñez Rodríguez, a trece de mayo de 2017.